
Hoy no puedo dejar de pensar en los papás de ese joven de CD. Madero que, en un momento de impulso, tomó una decisión que cambió todo. Viendo sus lágrimas y escuchando su dolor, no pude evitar pensar en el peso que llevan consigo. Qué duro debe ser ver a un hijo enfrentar algo así y sentir que, como papás, quizás no hicimos suficiente o no supimos cómo ayudar mejor.
Quiero dejar claro algo muy importante: esto no es una excusa ni una justificación. Lo que ocurrió es un acto gravísimo de violencia de género y la víctima merece toda la justicia, atención y apoyo. La ley debe aplicarse y las consecuencias tienen que asumirse, sin duda alguna.
Sin embargo, hoy mi reflexión va desde el corazón de mamá. Ser papá o mamá es un reto enorme. Amamos, enseñamos, también tememos, hacemos sacrificios… pero nunca hay garantías. Imagino que a veces incluso nos toca cargar con culpas que ni siquiera son nuestras, porque no podemos controlar cada decisión que toman nuestros hijos.
Sin embargo, una de las mayores responsabilidades de la crianza es enseñar a gestionar las emociones, especialmente el enojo y los impulsos, para que las acciones de nuestros hijos no se conviertan en decisiones irreparables. Y también debemos recordar que no podemos enseñar lo que no tenemos. La tarea de ser padres no puede realizarse sin cuidar de nuestro propio bienestar emocional. “Cuidarnos para cuidar” debe ser una prioridad. Nuestra estabilidad emocional es clave para poder guiar a nuestros hijos.
Esto me hace pensar en lo importante que es apoyarnos entre todos, en esos momentos donde el juicio no sirve y lo que realmente necesitamos es compasión. También en la necesidad de hablar más y más sobre emociones, sobre cómo manejarlas, para evitar que un momento de ira o desesperación termine arruinando una vida.
Al final, todos cometemos errores, y lo que realmente importa es cómo enfrentamos lo que viene después. Como sociedad, necesitamos acompañar a las víctimas, exigir justicia, y también ser capaces de mostrar empatía hacia los que atraviesan estos momentos devastadores. Porque de eso se trata: cuidar y apoyarnos, juntos, en los momentos más difíciles.
Hoy mi corazón está con los papás que lloran por los errores de sus hijos, con las víctimas que sufren las consecuencias, y con la necesidad de construir un mundo más humano donde la violencia, en todas sus formas, deje de tener lugar.